21 mayo, 2018

Cómo el uso de consecuencias puede emplearse para educar a los hijos

La reacción de los padres a los comportamientos de los hijos tiene mucho que decir a la hora de educar. Un ejemplo es no pausar una mala conducta en los niños, lo que le indica a los más pequeños no hay problema en ello. Al mismo tiempo, un refuerzo positivo en buenas acciones hace que los menores quieran repetir estas prácticas para recibir el mismo trato.

La actuación de los padres ante un mal comportamiento debe ser inmediata, mantener su decisión y extinguir el mal comportamiento de su hijo. Es necesario dejarle claro que cuando se comporte así no se le va a hacer caso ya que a veces acaparan la atención del adulto y esto puede ser más valioso que aquello por lo que lloraban; y no recurrir al castigo repetidamente.

Tanto las negativas como las positivas, las consecuencias pueden emplearse a la hora de educar a los hijos. Estas respuestas a los comportamientos indicarán a los más pequeños cómo entienden los padres estas conductas y hará que sea más o menos probable que se repitan estas actuaciones.

Reacciones a los comportamientos

¿Cómo deben reaccionar los padres a los comportamientos? ¿Qué tipo de consecuencias debe haber a las actitudes de los hijos? Desde el Departamento de Salud y Recursos Humanos de los Estados Unidos se dan los siguientes consejos sobre cómo hay que reaccionar ante las conductas:

– Consecuencias positivas. Demuestran a los hijos que ha hecho algo que algo que merece elogio y que se espera se repita. Las consecuencias positivas incluyen recompensas, elogios y atención. No se debe abusar de ellas ya que pueden derivar en que el niño repita estas actitudes sólo por el premio y no porque haya interiorizado esta forma de ser.

– Consecuencias negativas. Indican a los hijos que han hecho algo que no es del agrado de los padres. Es menos probable que los niños repitan ese comportamiento si se aplica una consecuencia negativa. Entre el repertorio se encuentra el ignorar actitudes, distraer al niño, quitarle privilegios.
Muchos padres abusan de las consecuencias confundiendo estas con buena educación y con ello consiguen que la situación empeore cada vez más.  Además, la consecuencia es efectiva en pocos casos, y para que lo que sea, tiene que situar al niño lo más cercano posible al hecho en cuestión, y por un periodo de tiempo corto; es lo que se llama acción contingente a la conducta que se quiere extinguir.

– Consecuencias naturales. Se trata de aquellas causadas por algo que se ha hecho. Si se le dice advierte a un hijo que juegue con cuidado con un juguete, pero él lo sigue golpeando, el artículo se puede romper. En este caso, el niño habrá experimentado el resultado más probable de tratar así sus pertenencias. Hay que saber dónde está el límite y evitar que el pequeño pueda estar en peligro como por ejemplo que ande sin cuidado junto a un borde y termine cayendo y haciéndose daño.

Ignorar y distraer

Otras consecuencias de los comportamientos pueden ser el ignorar o distraer a los niños para reorientar sus actitudes:

Ignorar: Retirar la atención de los niños puede ayudar a reducir el mal comportamiento de su hijo. Al atenderlos durante un berrinche, se recompensa de forma indirecta la mala conducta y aumentar las probabilidades de que se repita.

Distraer: Esta consecuencia busca reorientar la atención de los más pequeños a otros asuntos, puede ser utilizada en momentos en los que los niños se muestran nerviosos. También sirven para cortar las malas conductas antes de que estas aparezcan, como por ejemplo ante el mínimo síntoma de un berrinche, invitarlo a jugar en algo divertido.

 

El refuerzo positivo y la extinción

El objetivo de la educación debe ser por tanto, consolidar las conductas positivas en los niños y suprimir las conductas negativas y eso se consigue mucho mejor mediante el refuerzo y la extinción, no mediante el castigo.

Consideramos refuerzo a cualquier consecuencia positiva y, será muy importante que no lo confundamos con el recurso a premios materiales. El mejor refuerzo para los niños puede salirnos muy barato: consiste en la atención de los padres.

Se trata de aprender a reforzarles cuando estén mostrando las conductas que queremos instaurar; es decir, estar con ellos y reforzar y premiar a los pequeños mientras se portan bien y no prestarles atención cuando están realizando las conductas disruptivas o las llamadas de atención que queremos que desaparezcan, lo que se conoce como extinción.

Muchos padres se desesperan intentando que sus hijos entiendan la situación con grandes charlas y explicaciones sobre el porqué de las cosas, de su orden. No se dan cuenta de que de que de esa forma solo están consiguiendo que el niño obtenga atención, y que, además, el pequeño no atienda al discurso.

Si el niño está manifestando una clara llamada de atención, con amenazas por parte del adulto no se consigue nada y, además, se está reforzando su conducta. El niño percibe que con esa actitud obtiene la atención del adulto, que es lo que iba buscando. Será más efectivo mostrarle al niño que mientras se esté portando así, que mientras no deje de llorar, de chillar o de patalear, no le haremos caso. De esta forma entenderá que no va a conseguir la atención de los padres y estos no entraran en su provocación.

 

Modelado: la importancia de enseñar con el ejemplo

No debemos olvidar que la principal fuente de aprendizaje de un niño es el modelado. Los niños copian lo que ven en sus adultos de referencia, que principalmente son sus padres y sus hermanos mayores. Por eso, es fundamental no caer nunca en la trampa de exigir al niño que no manifieste una determinada conducta, si los padres sí que lo hacen, pensando que el niño va a entender que es una excepción y los mayores están exentos de dicha norma.

Instaurar unas normas en la familia facilitará mucho la educación de los hijos, pero dichas normas han de cumplirlas todos los miembros, empezando por los mayores:

– Si le decimos que no hay gritar, los padres son los primeros que deben cumplir la norma y no gritar.

–  Si se le dice que no hay que pegar, por muy desesperados que estén los padres, tampoco ellos deben darle un cachete.

–  Si se le dice que no mienta, los adultos deben predicar con el ejemplo y no buscar excusas para sus mentiras de adultos.

Fuente: Hacer familia – Patricia Núñez de Arenas
Asesoramiento: Silvia Álava Sordo, Psicóloga. Autora del libro: Queremos hijos felices, de JdeJ Editores.

 

Cordialmente,

María Alejandra Piñeres

Consejera Preescolar

 

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