21 mayo, 2018

Cómo acabar con las batallas con tus hijos a la hora de comer

La alimentación y la hora de la comida deberían resultar agradables y placenteras. Las disputas por la comida pueden provocar excesivo estrés en la familia y afectar muy negativamente a las relaciones entre sus miembros. Estos 8 consejos para acabar con las batallas y las peleas en la mesa con los niños nos ayudarán a crear un buen clima familiar.

Enseñar a comer es también una parte importante de la educación de nuestros hijos: ya no solo por su desarrollo físico, sino también porque podemos educar su voluntad, ejercitar que sean obedientes y crezcan con un carácter recio. Pero no solo eso, a través de la comida podemos educar los sentidos, a comportarse de modo adecuado en la mesa y, al mismo tiempo, aprenden a disfrutar de la comida como un momento de relación social y contacto familiar.

Hay que educar los sentidos, mostrar a los niños diferentes sabores, texturas, olores, para que los puedan ver, oler, tocar y probar. Este acercamiento inicial se puede considerar como la clave para que los niños aprendan a comer de todo.

La distribución de poder entre padres e hijos en lo que a comida se refiere puede ayudar a moderar y calmar las luchas de poder. Además de eliminar estrés, el niño también está aprendiendo a mejorar sus habilidades de interacción social y a desarrollar una relación sana y saludable con la comida. Los esfuerzos realizados para reducir los roces y las tensiones causadas por la comida resultarán beneficiosos para todas las partes implicadas.

8 claves para terminar con el estrés en las comidas
Si nos basamos en los patrones de alimentación infantil, el mensaje con el que debemos quedarnos los padres para tratar de limitar las disputas que tenemos con nuestros hijos por la comida es el siguiente:

1. Los padres toman decisiones relativas a su hijo tratando de elegir lo que es mejor para él/ella. Aquí se incluyen decisiones sobre el tipo de comida que se les da, a qué horas se sirven las comidas, la merienda y los snacks, y en qué lugar se sirven dichas comidas. Tu hijo, al ser dueño de su propio cuerpo, va a decidir cuánta cantidad de comida va a comer o, incluso, si come algo o se queda sin comer.
Un aspecto importante de este equilibrio de poder es que si el niño decide no comer no se le puede ofrecer luego unas galletas a modo de merienda antes de que llegue la siguiente comida programada.

  1. Dale al niño suficiente tiempo para comer (p. ej., 20 minutos) y, transcurrido ese tiempo, retira el plato con la comida que haya dejado. Así, habrá tiempo de que al niño le vuelva a entrar el hambre, de modo que pueda disfrutar de su próximo encuentro con la comida.

    3. No es necesario luchar. Todo lo que tienes que decirle al niño cuando pida comida es “Sé que tienes hambre. Esto te ha pasado porque no te has querido comer el almuerzo. Comeremos todos juntos después de que te eches un rato a dormir.” El niño aprenderá a comer lo suficiente para que no le entre el hambre antes de la próxima comida o merienda.

    4. Forzar a los niños a comer resulta contraproducente tanto cuando no tienen hambre o cuando no quieren comer todo lo que hay en el plato. Si lo que quieres es que el niño desarrolle una relación sana y saludable con la comida, los padres deben controlar el qué, el cuándo y el dónde. Recuerda, el niño lleva las riendas del cuánto e, incluso, de si come algo o nada.
    Si a un niño delgado que no tiene apetito se le fuerza a comer más lo único que se consigue es provocarle ansiedad y un rechazo por aquellos alimentos que le estás forzando a comer.

Si a un niño más gordito, durante la comida, no se le permite comer hasta quedar satisfecho acabará afrontando las comidas con un cierto temor.

  1. No hay ninguna necesidad de cocinar platos diferentes para los distintos miembros de la familia, a no ser que alguno tenga alguna enfermedad o problema médico documentado. Incluso los más pequeños pueden disfrutar de los mismos platos que come el resto de la familia. El minimizar los “platos especiales” anima a todos los miembros de la familia a explorar y a disfrutar de nuevos alimentos, en vez de limitarse a pedir siempre sus platos preferidos, ya conocidos.

    6. Enseñar a los niños a comportarse correctamente en la mesa hará que las comidas -tanto en casa como fuera- resulten más agradables y placenteras para todos. Los niños se comportan fuera de casa del mismo modo que se comportan en casa. Los padres pueden potenciar que sus hijos coman con educación ayudándoles a adquirir las destrezas que van a necesitar para comer en un restaurante, para cenar en casa de otra persona o para comer en la guardería o en el colegio. A un niño que se hace con el control y domina la hora de la comida con su mal comportamiento le va a costar mucho cuando se quede a cargo de otros adultos que quizá no toleren su mala conducta. Cuando un niño se porta mal, es incapaz de disfrutar de la comida familiar con el resto de comensales. El establecer límites que sean acordes con las reglas familiares será beneficioso para tu hijo, tanto ahora como en el futuro.

    7. Los padres son los que deciden cuándo pueden comer los niños. Establecer una rutina de comidas, meriendas y snack es necesario para que el niño, según ese horario, aprenda a calcular y a controlar lo que come. Si el tiempo que transcurre entre comidas y meriendas varía a diario, el niño puede acabar recibiendo un snack en un momento en el que no tenga hambre o pasarse hambriento varias horas esperando a la próxima comida. Tener unos horarios establecidos le permite al niño saber instintivamente cuánto necesita comer para sentirse lleno de energía hasta que llegue la próxima comida o merienda.

    8. Comer con los niños también es importante. Comer siempre solo en la cocina o delante de la TV no le ayuda al niño a aprender la componente social de la comida ni le permite tener una experiencia agradable mientras está comiendo. Las habilidades sociales, la conversación y el pulir la conducta son componentes importantes del proceso de aprender a tener una relación sana y saludable con la comida. Los niños no pueden adquirir estas destrezas si siempre comen solos.
    Sentarse con los niños (al menos una vez al día) y compartir con ellos una comida constituye un elemento esencial del proceso de aprendizaje necesario para llegar a tener una relación sana y saludable con la comida.

Trucos para comer con educación

– Es interesante reforzarles sus gustos porque ayuda al desarrollo de su personalidad. Es el niño con sus gustos e intereses propios.

– Fomentar sus gustos no significa eliminar otras opciones. No podemos única y exclusivamente darles lo que ellos quieren, sino que tienen que acostumbrarse a comer de todo.

– De lo que les gusta, se les puede dar la opción a repetir, y de lo que no, ofrecer menos cantidad, si es preciso, pero ante todo conseguir que coman algo de cada alimento.

– Tenemos que enseñarles a respetar el orden de las comidas: primer plato, segundo plato y postre. Así se acostumbrarán a comer con hambre los alimentos que quizá les gustan menos.

 

En la mesa, normas claras
– Comer lo que toca. Siempre va a haber unos alimentos que les gusten más que otros pero, tienen que aprender a comer lo que hay, aunque de lo que les gusta coman un poco más, y de lo que no les gusta, un poco menos. Enseñándoles a comer lo que hay, conseguimos que adquieran una serie de virtudes y que aprendan a apreciar y dar valor a la comida. De esta manera evitamos, además, hacerles caprichosos con la comida.

– No rechazar o repudiar la comida. Los niños son tan espontáneos y naturales que a veces tienen reacciones negativas hacia aquello que no les gusta o no les apetece. Es una falta de educación actuar de esa manera en la mesa, por lo que no tenemos que permitir que suceda. Hay que hacerles ver que ese alimento tiene un valor material, así como el tiempo y el cariño con el que la persona lo ha cocinado. Rechazarlo es una falta de respeto.

– Modo de comportarse en la mesa. Cuando son pequeños la preocupación que existe por parte de los padres y muchas veces en los comedores escolares es si el niño come o no come. Importa más la cantidad que el modo. Con esto logramos niños que comen suficiente, pero con unas formas no adecuadas. Parece que no está de moda trabajar los modales, pero es necesario tener unas pautas mínimas de comportamiento que el niño no va a aprender si no se las enseñamos, se las exigimos y actuamos como ejemplo. Por eso, es interesante tener claro estas pautas y también trasladarlas a los padres para que en casa las puedan llevar a cabo.

– Poner y recoger la mesa. El momento de la comida es mucho más que sentarse a comer. Es muy cómodo tener el plato en la mesa, llegar, comer y levantarse. Podemos aprovechar para mejorar su autonomía, y que sean ellos los que tengan que esforzarse por poner la mesa, recogerla o repartir tareas entre los distintos miembros que se puedan encargar de esta labor. Además, aprenderán a contribuir con su trabajo al bienestar de toda la familia, y no solo al suyo propio.

– Esperar a los demás. No todos tienen el mismo ritmo a la hora de comer y ser capaz de acompañar a aquel que le cuesta más puede ser una actividad bonita para trabajar aspectos sociales, de generosidad y evitar el egoísmo. A veces cuesta porque después de la comida suele haber momentos de juego y algunos niños comen deprisa para tener más tiempo para jugar. Sin embargo, debemos dedicar tiempo a este aspecto para hacerles más sociales.

– Momento social. Aprovechar este momento no solo para que coman sino para fomentar la comunicación entre ellos y con ellos. Es importante que les enseñemos a percibir la comida como un momento para disfrutar en familia.
Fuente: Hacer familia – Deanna Marie Mason, experta en educación y salud familiar. Autora del blog Dr. Deanna Marie Mason. Paternidad proactiva

 

Cordialmente,

Maria Alejandra Piñeres

Consejera Preescolar Castillogrande

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